Adicciones

Como parte de las nuevas medidas del gobierno para descongestionar los recintos carcelarios, se están aplicando penas «alternativas». El editor de LVDLM, recientemente procesado por atentado violento al pudor deberá publicar una entrada beneficiosa para la sociedad…

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Y por lo tanto, esta semana no habrá columna habitual, sino una transmisión del programa «A inconciencia», conducido por la conocida reportera de programas de verano de importante trascendencia, como «Verano en Balneario argentino» y «Wild on: Guazubirá»; la señora Andrea Carminatti.

 

Uruguayos, uruguayas. Hoy nos volvemos a encontrar en A inconciencia para anlizar una temática muy actual, muy cruda, muy antropofágica, muy arenisca. Y no vamos a hablar de las palabras que parecen complicadas y que usan los programas «periodísticos» para darle más importancia a noticias ultra-pedorras.

No.

Hoy hablaremos de las adicciones, y les traemos un caso conmovedor. El caso de Alcides Fagundez.

<Primer plano de Alcides, en una casa humilde, en el fondo se puede ver la bandera de Bazañez y una foto de Alcides con Marito Silva>

Mi nombre es Alcides, tengo cuarenta y siete años. Soy un adicto.
Un adicto a dibujar garabatos en los márgenes de página.

Mi historia comienza en el liceo.
Yo era un pibe bien, estudiaba, hacía deportes; llegué a ser federado en lanzamiento de disco, y participé en las olimpíadas de Kalawatí de deportes al pedo. Mi familia, con un gran esfuerzo, bancaba mi carrera deportiva y aparte mi sueño de terminar el liceo para ingresar en la escuela de revolvedores de cartas para programas televisivos.

 

En su juventud, Alcides ya era un talentoso lanzadiscos. Nótese como lo acariciaba y su cara de concentrado, como si se necesitara alguna técnica especial para tirar un plato. Es muy probable que la mina que está atrás se coma un discazo.

Pero fue en tercero de liceo donde conocí a Coldovaldo Antúnez. Poco sabía yo que aquel tipo que tenía un ojo más grande que el otro iba a tener un efecto tan profundo en mi vida.


<Toma de la madre de Alcides, en sus manos un rosario. Se la ve triste, como todas esas personas que conocen al sujeto del programa y los entrevista algún amarillista que les saca la lágrima fácil>

El Alci era un botija divino, nunca salía, nunca me hacía problema el gurí. ¡Si hasta salió abanderado de la bandera de «Medierías SI-SI» que en esa época apoyaba a la escuela del Alci!


<Alcides, de nuevo. Está tomando mate. No sería una entrevista de verdad si el entrevistado no toma mate ruidosamente durante el relato>

Un día estábamos ahí en clase de educación social y cívica y veo que Clodovaldo estaba dibujando algo raro en su cuadernola…

No solo no estaba tomando apuntes, sino que dibujó una especie de puerta con la cerradura al revés. De a poco se empieza.

Enseguida le pregunté en voz baja, «¿Qué estás haciendo?»

– Unos garabatos, ¿probaste alguna vez?
– Pa, no, mi vieja se entera y me deja sin ver «Sote con Knorr»
– Ta todo bien boludo, antes de llegar a tu casa tirás la hoja y te lavás las manos pa’ que no te vean las manchas de tinta y no pasa nada
– ¿Decís que no hace nada?
– Obvio que no, tampoco es para zarparse ¿viste? una vez cada tanto y todo bien

Pero no estaba todo bien. Primero eran algunas formas raras en los márgenes de mi cuadernola de educación y cívica. Era jóven, no me daba cuenta de lo que hacía. Pero cuando me quise acordar, ya estaba poniendo mi nombre en todos lados, firmando, dibujando caritas que hasta tenían sombras; metiendo bigotes en las fotos de Artigas en los libros. Empezó como algo inocente, propio de la rebeldía adolescente, pero se fue de las manos…

Burlándose de la figura del prócer… Alcides estaba fuera de control.

En mi casa trataba de ocultar mis garabatos lo más que podía, llegué a lastimar a mucha gente. Cuando llegaba a casa más tarde de lo usual por haberme pasado de parada escribiendo en los asientos de los ómnibus mi vieja siempre me preguntaba donde andaba, y al ver manchas de tinta en mis dedos, quería ver mis cuadernos, para constatar que no estuviera haciendo garabatos. Yo siempre le decía que mis cuadernos eran cosa mía y que si tenía manchados los dedos era porque se me había roto la lapicera.

Ese año terminé repetidor. Clodovaldo, el que me había llevado al infierno se cambió de liceo y nunca se hizo responsable por destruir mi vida. Fue ahí que me dí cuenta que estaba adicto, y eso me volvía más y más frustrado, lo cual me llevaba a profundizar mi adicción.

Al tiempo, dejé de ir a clase para escribirme algún que otro garabato en el baño de algún bar. Pido perdón a toda la gente que haya ido a orinar y vió mensajes garabateados tales como «El que lee esto se la come doblada» o «Cague feliz, cague contento, pero por favor cague adentro». También fui yo el que dibujaba esos penes en los azulejos. Sé que herí a mucha gente que no tenía nada que ver.

Cuando la adicción deja de lastimar solo a quién las hace y comienza a destruir a la sociedad. Nuestros niños pueden llegar a ver esto en un baño mientras se echan un cloro, y entrar en este flagelo.

Con el tiempo, sentía que los garabatos ya no me daban las mismas sensaciones y que necesitaba más. Empecé a robar cosas de mi casa, solo para poder comprarme cuadernolas y llenarlas de garabatos. Dibujaba cosas en las paredes del liceo.

Perdí el control.

<La cámara muestra de nuevo a Andrea, que con sus manos está haciendo un gesto que asemeja a una vulva, ese en el cual se hace un rombo con los dedos indíce y pulgar de ambas manos.>

Hoy, Alcides está muerto.

Bueno, en realidad no, pero las mediciones actuales de rating demuestran que vende más mostrar glúteos de mujeres que participan en pseudo-concursos de canto, baile, o strip-tease que el periodismo berreta de investigación, en el cual se muestran «situaciones difíciles» para hacer sentir mal a la teleaudiencia y que compren productos de nuestros anunciantes.

Es por eso que la dirección del canal ha levantado este programa y me han invitado a que conduzca un programa de verano titulado «La movida del ojete».

Y… es lo que vende

Podés hacerte adicto de LVDLM si te pinta, no está tan mal visto todavía; así que seguinos en nuestro Facebook o en nuestro Twitter. O las dos cosas, eso depende de vos.

 

Seguí gozando:


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