El día después (de tremenda borrachera)

 

Resaca. Tufo a cuidacoche. Sí, nene/a, te agarraste tremendo pedo y no tenés idea de que está pasando. Y entonces te acordás, o alguien te hace acordar de lo que pasó anoche.

O te despertaste así y es obvio como terminó la noche.

La mayoría de las veces, el alcohol nos transforma en seres anti-humanos, carentes de todo tipo de moralidad, escrúpulos, pudor y lógica. Otras veces hace que vomitemos como loco. En todo caso, estas son algunas de las situaciones más difíciles que le pueden ocurrir a la persona que decidió que quería entrar en el Vesubio’s World. Como columnista invitado para aconsejar a nuestros lectores, tenemos a un gran conocedor del tema, capitán de guerra de mil y una mamúas…

Situación 1: El destructor de sueños

Típico. Whisky va, vino suelto viene y terminaste en un ánimo destructor/vandálico. Desafortunadamente para la persona que ofició de anfitrión la noche anterior, toda tu rebeldía adolescente se enfocó en objetos de su pertenencia, con el resultado de que partiste al medio la maqueta para facultad, te limpiaste la grasa del asado con una tesis o te echaste un garco en el jarrón donde guardaban las cenizas de la abuela. Veamos que tiene para comentar nuestro simpático columista pasodelostorense:

Situación 2: LOST

Pasa, creeme que pasa. El mismo alcohol que nos hace mostrarle nuestros genitales a un guarda de RAINCOOP mientras le gritamos «¿Un lugar para ÉSTA no podrás hacer con la monedita de mierda esa?» también nos hace perder nuestro sentido de la ubicación. Entonces vamos a dormir en una nube etílica, extasiados con la sensación de que estamos durmiendo en nuestra cama sanos y salvos. Aunque a veces no sepamos ni cómo llegamos. O directamente no llegamos nunca y estamos tirados en una cuneta con la cena de la noche anterior a modo de bufanda. Nuestro ex-futbolista que comparte apellido con una reportera de las Tortugas Ninja nos da su consejo:

Situación 3: Lujuria etílica

Si hay algo universalmente aceptado es que el alcohol facilita las interacciones sociales disminuyendo los estándares que se requieren para aceptar a un posible compañero de cópula. En cristiano: los/as gordos/as, feos/as, pelados, petisos/as, los/as que les faltan las teclas y las personas con acné purulento (en el caso del redactor de LVDLM, todo junto) ven sus chances de ponerla aumentadas. Claro, que sólo es posible cuando la bella contraparte se mama. Al otro día terminará arrepintiéndose, en especial si hay cámaras en la vuelta que documentaron los excesos de lujuria. Por suerte, llega el habilidoso ex-jugador de la Juventus al rescate:

Situación 4: Body painting

En mis épocas no era tan malo. Si te dormías del pedo y alguien te dibujaba penes en la cara sin que te des cuenta lo peor que podía pasar era que el chofer del bondi (y todos los pasajeros) se te cagaran de la risa en la cara. Pero interné cambió las reglas. Ahora resulta que cualquier pelotudo/a con cámara puede grabarte o sacarte fotos, y con toda esta poronga de las redes sociales toda tu familia se enteró que te dibujaron una guasca en la cara mientras estabas knock-out por el alcohol en sangre.

Tu abuela también se enteró y está IN-DIG-NA-DA*

¿Qué tiene para decir a todo esto nuestro columnista invitado?


Atte.                                                                                                                                                                              (el) Mansa

* Expresión choreada abiertamente a Bruce Thewall

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