4 Actividades “sociales” que pueden disfrutarse más estando solo

 

En términos generales, a todos nos encanta la idea de que, sin importar el grado de ineptitud social que tengamos, estamos genéticamente programados para ser criaturas sociales y por lo tanto nunca vamos a quedarnos realmente solos. Es como si la naturaleza estuviese obligada por contrato a proveernos de un acompañante, ya sea una pareja, amigo, o vecino infumable cuya única razón de existir es recordarnos que nadie es una isla.

Aunque es entendible que algunos confundan esto con una persona.

No obstante, está claro que así como necesitamos y disfrutamos de la compañía de otras personas, también nos gusta tener momentos de solitaria tranquilidad. Porque no existe una sola persona en el planeta que no se vuelva absolutamente infumable si tenemos que tenerla al lado cada condenado minuto de nuestras vidas (exceptuando a Batman que es demasiado zarpado para ser infumable). Y no siempre se trata de quedarse encerrado en casa mirando tele. O evadir al resto del núcleo familiar acampando media hora en el baño mientras nos leemos medio libro, revista, o los misteriosos ingredientes de jabón de avena contrabandeado de Brasil. A veces, incluso las cosas que normalmente se disfrutan en compañía de otras personas pueden llegar a ser un verdadero deleite si las hacemos sin nadie más. Por ejemplo…

1. Comer en un restaurante

Existe una larga lista de razones por las que tiene sentido que nos guste comer fuera de casa. En lo personal, me gusta reírme arrogantemente en la cara de la Evolución que dicta que tengo que competir con felinos de 700kg para poder comerme una cebra, cuando con mucho menos esfuerzo y algo menos de riesgo puedo encajarme una soberbia tira de asado en la parrillada que queda a dos cuadras de mi casa.

Monumento a los espetos corridos del pasado.

Haciendo la salvedad de los almuerzos de apuro durante las jornadas laborales, en las que nos metemos un menú ejecutivo de lo que haya, o una tarta de lo que quede, acompañado de un refresco tibio y rezando para que todo esto no nos haga adelgazar demasiado la billetera… salir a comer tiende a ser algo que hacemos en compañía de otras personas. Normalmente se trata de gente en la que confiamos lo suficiente como para tolerar ver como se meten comida en la boca y se olvidan de cerrarla, o se olvidan de pagar y es uno el eterno pelotudo que pone del bolsillo para que el mozo no nos cague a trompadas.

Algunos mozos prefieren no irse a las manos para resolver un conflicto.

Justamente por eso es que a veces ir a comer sin nadie más, pedir lo que más nos atraiga del menú, disfrutarlo a nuestro propio ritmo, para finalmente pagar sin tener que sacar la calculadora y hacer ecuaciones de tercer grado hasta adivinar cómo se divide la cuenta; puede ser extremadamente gratificante. No se trata de ser antisocial, se trata de saber que en general la mayoría de la gente es insoportable.

Bonus de misantropía garca: Comer en un restaurante lleno y ver que hay dos o más personas esperando para usar la mesa que estás ocupando solamente vos. Agregar sonrisa sobradora a gusto personal.

2. Ir al cine

Me gusta retrotraerme al pasado cuando quiero exponer algo de manera convincente, en especial si se trata de cosas inherentes a la condición humana o para alimentar mi propio ego cuando inevitablemente me dan la razón. En este caso, mi punto es que desde siempre, a los seres humanos nos ha gustado perdernos en relatos de ficción como una manera de alejarnos temporalmente de las fatigas y preocupaciones del mundo real.

Si estas cosas pasaran en el mundo real, NADIE iría al cine.

Ya sea mediante libros, teatro, la tele o el cine, a todos nos gusta salir de la rutina y ver otras historias. Existen quienes disfrutan de cine cabezón y ritmo pausado, porque aparentemente hay gente que considera al aburrimiento como una forma de entretenimiento exótico, mientras que otros prefieren las comedias pelotudas, los romances pelotudos, o los tiroteos pelotudos… y hay gente que le gusta mirar terror megasangriento porque aparentemente no fueron lo bastante a la carnicería cuando eran niños.

Sea como sea, los requisitos necesarios para poder ver una película y disfrutarla, es quedarse en silencio, mirar al frente cual vaca hipnotizada y no dormirse durante las siguientes dos horas. Ir acompañado implica que siempre va a haber alguien comentando cosas que son evidentes para todos, alguien riéndose en momentos que no son graciosos para nadie más, y alguien que aparentemente estuvo examinándose la pelusa del ombligo durante la primera mitad de la peli y en la segunda mitad te empieza a hacer preguntas sobre la trama para poder entender el final.

"Despertáme cuando falten 15 minutos para que se termine".

Todos podemos tener alguno de estos hábitos, pero ir con más personas implica que todas las actitudes molestas van a estar representadas por simple probabilidad matemática. La ecuación es súper simple y razonable…
Gente + Gente + Sala de cine = TODOS PUTOS.

Bonus de misantropía garca: Ir a ver una peli muy copada antes que todos los demás y, de manera absolutamente casual, contar el final de la manera más desmotivante posible.

3. Estudiar o trabajar

Es lunes. Deberías estar haciendo una de estas dos cosas. Pero en cambio estás dejando que te distraiga con un artículo maravillosamente escrito sobre cosas que se pueden llegar a disfrutar más a solas que con otras personas. En verdad, este punto es muy simple. Ya bastante duro es bancarnos a nosotros mismos cuando tenemos que estudiar o trabajar, sin querer suicidarnos a patadas en la mandíbula, como para encima tolerar a otros.

No tienen porqué ser exclusivamente patadas.

A veces se tiene liga y se forma un lindo grupo de estudio o trabajo, de todos modos, rara vez se adelanta más que poniendo el culo en la silla y concentrándonos sin que nadie nos venga a joder durante un buen par de horas.

Bonus de misantropía garca: Terminar lo que estás haciendo antes que los demás, justamente por cortarte por la tuya, y empezar a distraer a todo el mundo porque ahora estás al pedo.

4. Dormir

En este caso no se puede decir que sea una “actividad social”. En primer lugar porque a menos que formes parte de un raro experimento universitario o estés en una película de terror donde el villano es un un tipo con serios problemas dermatológicos, el sueño no se comparte con nadie. Cuando te dormís del todo, dejás de registrar si estás con alguien o no.

De Freddy aprendimos que no importa lo feo que seas, un buen sombrero siempre mete onda.

Aclaraciones aparte, en algún punto de nuestras vidas nos va a tocar compartir la habitación con otra persona. Quizás te tuviste que fumar a tus hermanos porque tu casa era chica, o tenés pareja, tenés hijos muy chicos, o estás internado en un hospital psiquiátrico compartiendo cuarto con un enfermo mental que le gusta escribir estupideces en Internet.

Cualquiera sea el caso, si ya tuviste que compartir la habitación o la cama, por una cierta cantidad de tiempo, hay pocas cosas que den más placer que irse a dormir a solas. Sin ruidos, movimientos extraños, codazos o intentos infructuosos para hacer funcionar la cucharita (en serio, es la posición más sobrevaluada de la historia de la monogamia y quien diga lo contrario solo está tratando de quedar bien con su pareja).

Excepto si hacés la cucharita con un León, en ese caso todo funciona demasiado bien en tu vida.

No soy un descreído del romance y pienso que compartir la cama con la persona que queremos es genial. Pero mi teoría es que la cama de dos plazas no fue inventada para que dos personas duerman juntas. Fue inventada para hacernos fantasear sobre despatarrarnos en el medio del colchón y no compartirlo con nadie más. Los vendedores de camas esperan a que caigamos en este trance engañoso para vendernos el sommier más caro del local y de paso encajarnos ese juego de sábanas indescriptiblemente feo que nadie más quiso comprar.

Bonus de misantropía garca: No hay. Dormir  en tu propia cama sin que te jodan, te vayan tironeando la sábana hasta dejarte destapado y con hipotermia, te empujen lentamente contra el borde, o te ronquen en el oído (el equivalente de irte a dormir abrazado a una motosierra) debería formar parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

El TaTa escribe los Lunes de Ktarsis desde su cueva de hermitaño . Podés seguirlo vía Twitter o en Facebook, a tu propio riesgo. 

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